31 de diciembre de 2012

La película del año


Madrid, 1987: un trepidante ejercicio de ciencia-ficción en el que Alberto Ruiz Gallardón intenta desesperadamente que las leyes civiles retrocedan en el tiempo.

Una pistola en cada mano: un durísimo thriller con el ministro De Guindos presupuestando en plan kamikaze.

Lo imposible: inacción sin tregua de la mano quimérica de Mariano Rajoy.

Los miserables: todo un clásico del capitalismo con la cúpula de Bankia en el esplendor de su arte. 

El caballero oscuro. La leyenda renace: poderosa secuela con Artur Mas metidísimo en el papel de salvador de su tierra. 

Blancanieves: remake de la fábula de la joven e inexperta Sorayita imponiéndose en un Gobierno donde crecen los enanos. 

La ciénaga: pegajoso drama coprotagonizado por Juan Carlos I y su más que turbia prole.

La mujer sin cabeza: con la presunta ministra de empleo Fátima Báñez en el papel estelar.

La suerte en tus manos: un biopic sin piedad sobre Angela Merkel.

Un buen partido: la mejor actuación -y ojalá que la última- de Iñaki Urdangarín.

Bonsái: una mirada intimista sobre nuestras perspectivas de crecimiento tras los recortes.

A Roma con amor: una desenfadada comedia sobre la Conferencia Episcopal donde Su Reverendísima Eminencia Rouco Varela nos sorprende con alguna que otra escena subidita de tono.

27 de diciembre de 2012

Un espejo

Ambos hombres son heterosexuales. Son amigos desde la juventud. Llevan puestos unos calzoncillos horribles y bastante parecidos. Los dos tienen la piel pálida, los hombros débiles. Y ese augurio de barriga tan propio de los cuerpos que empiezan a ser más viejos que la autoimagen de sus dueños. Están a solas. Han reservado la suite nupcial de un hotel barato. Nunca han tenido sexo con otro hombre. Acaban de encender la cámara que han traído para filmarse. Se acercan precavidos, de costado. Se miran a sí mismos mirándose. Detrás tienen un espejo. Delante tienen todo lo que no son capaces de ser. Eso cuenta la película Humpday, de Lynn Shelton, especialista en observar conflictos invisibles.

24 de diciembre de 2012

El globo

Al oeste de Coruña, en los bordes de la ciudad, visito la estupenda biblioteca del centro Ágora. Erigida en el antiguo erial de una zona carenciada, se me antoja un ejemplo de esperanza en tiempos críticos. Su arquitectura, dicen, se inspiró en La montaña mágica. La idea de que una biblioteca entera imite a un solo libro habría hecho las delicias de Borges o de Wilcock. En su interior, los espacios libres y la luz natural tienen tanta importancia como el mobiliario. Es un lugar para pensar los lugares. Apenas lleva abierta un año y ya tiene miles de socios. Los contenidos de la biblioteca están divididos por edades e idiomas, con especial atención a la población inmigrante. De sus paredes no cuelgan retratos de escritores sino de los propios vecinos, sus habitantes máximos. En uno de los pasillos me encuentro una pizarra llena de pequeñas notas, donde los niños han pegado sus propuestas para completar el entorno de la biblioteca. Muchos piden canchas de fútbol, toboganes, columpios o zonas para perros. Pero uno de ellos, con letra ligeramente temblorosa, dejó escrito: «Un globo que no se destruyera». Jamás un gran deseo conoció tan sencillas palabras. Quizás ese globo exista. Esos niños lo inflan cada vez que abren un libro.

20 de diciembre de 2012

Poderoso caballero (y 2)

En cierta ocasión le preguntaron al expresidente Aznar qué cualidad prefería en una mujer. Sus prominentes abdominales respondieron sin dudarlo: «Que sea mujer». Una mujer-mujer no sería una mujer tartamuda, ni una mujer al cuadrado. Sino aquella que se queda pasiva. Que acepta el rol histórico que le tocó en herencia. Que se comporta, en suma, exactamente como esperan los hombres-hombres. Entre la biología elemental y la Edad Media, el ministro Gallardón afirma que la maternidad es lo que hace a las mujeres «auténticas mujeres». Y si de paso pueden tener unos cuantos retoños, y poco tiempo para cosas como el trabajo o la política, mejor que mejor. Virginia Woolf tituló este sofisma Killing the Angel in the House. Gallardón ha declarado su intención de «defender a una sola mujer que quiera ser madre y no pueda». Tan o más grave sería no querer (o no estar en condiciones) de ser madre, y que el Estado te fuerce a serlo. Habrá que recordarle al gallardo ministro que una madre es mucho más que un mamífero. Que la reproducción es una opción y no un destino. Y que, mientras su Gobierno siga descuidando la incorporación laboral de las mujeres, los servicios educativos para menores de 3 años, las leyes de dependencia o la igualación de los permisos de maternidad y paternidad, la mujer podrá ser toda una madre, pero seguirá siendo media ciudadana. 

17 de diciembre de 2012

Poderoso caballero (1)

Un año hemos cumplido, y nos parece un siglo, de tijeras del PP. La estrella de la legislatura no está siendo De Guindos, que no toma decisiones, sino que las acata: es la guinda del pastel financiero. Ni tan siquiera Wert, ministro de incultura, cuyas inenarrables intervenciones han traído una nueva emoción a la política española: el Wértigo. Para mí el ministro estelar ha sido Gallardón, porque es el único miembro del gobierno que, en este año de penurias, da la impresión de ser más él mismo que nunca. Mientras Gallardón estrenaba su cargo, un individuo llamado Richard Lee Norris se sometió al trasplante de cara más amplio de la historia. Antes de operarse, nuestro hombre vivía encerrado y sólo salía a la calle por las noches. Desde que ha recobrado su rostro, se mueve a plena luz del día y se muestra tal como es. Algo similar parece haberle sucedido a Gallardón. Él también se ha hecho un trasplante. De cara dura. Durante años pareció un centrista recluido, un liberal desfigurado. Ahora por fin luce su auténtica facha. 

12 de diciembre de 2012

10 microapuntes sobre micronarrativa


1. No es lo mismo lo breve que lo corto: lo breve calla a tiempo, lo corto antes de tiempo. 

2. La vocación de todo microcuento es crecer sin ser visto. 

3. Lo más particular del microcuento no es su minúscula extensión, sino su radical estructura. 

4. Puntuarlo con bisturí. 

5. Un microcuento empieza entre comillas y termina en puntos suspensivos. 

6. Los verbos vuelan, los sustantivos corren, los adjetivos pesan. 

7. La tentación del chiste es la termita del microcuento. 

8. Los personajes de un microcuento caminan de perfil. 

9. El microcuento necesita lectores valientes, es decir, que soporten lo incompleto.

10. 
Cuanto más breve parece, más lento se lee.

7 de diciembre de 2012

Un matiz desesperado

Existe una diferencia brutal entre ocio y placer. El ocio cancela el tiempo, olvida su circunstancia, sucede como fuera de contexto. El placer es, en cambio, agudamente consciente del tiempo y sus pérdidas. Demasiado al tanto de nuestra mortalidad, el placer supone entonces una forma de resistencia. Los desesperados no se lanzan al sexo simplemente para huir. Sino para comprobar que siguen vivos. Que sus cuerpos conservan la capacidad de protestar ante el dolor, de darle réplica. Ocio: vacaciones. Placer: prórroga.

4 de diciembre de 2012

El recipiente

En el portal de cine al que soy adicto, cada vez que termina una película, aparece un fotograma congelado. Como un cartel casual o una postal lejana que te mandaran los personajes. Mientras nos quedábamos mirando en el monitor ese último fotograma mudo, mi compañera hizo algo extraordinario: bajó el volumen. Ambos nos sorprendimos de su gesto. Quizá fue una sinopsis. La película que acabábamos de ver era Bonsái, de Cristián Jiménez, basada en la novela de Alejandro Zambra. En ella se cuenta la pequeña historia de un primer amor que, al igual que un bonsái, no sobrevive fuera de su recipiente. Un argumento es su estilo. Y una emoción es el instante que la envuelve, su contexto. Por eso, al recordar una emoción o resumir un argumento, resulta tan intensa nuestra sensación de extrañeza. No es la distancia temporal lo que la provoca, sino la modificación del recipiente original. De ahí que el artificio del lenguaje sea el único modo de transplantar una experiencia. Eso parece sugerir, con una especie de violenta discreción, Bonsái. A veces no sabemos qué pasó. A veces lo mudo grita. Entonces escribimos para bajarle el volumen. 

30 de noviembre de 2012

Sarcófago

En su infalible carrera hacia el suicidio institucional, el PP ha anulado las jornadas de puertas abiertas en el Congreso de los Diputados. El día de la Constitución, por tanto, ningún ciudadano podrá ingresar en las instalaciones que lo representan. Para perfeccionar el plan, sugiero que el Gobierno, una vez dentro sus señorías, clausure también las puertas y selle los ventanales y apague todas las lámparas. Así obtendremos el exacto sarcófago en el que yace, muerto de risa, el cadáver de lo que un día creímos ser.

26 de noviembre de 2012

Palabras para un hijo novelado

Diviértete, ¿me oyes?, cuesta mucho trabajo divertirse, y ten paciencia, no demasiada, y cuídate como si supieras que no siempre vas a ser joven, aunque no vas a saberlo y está bien, y que siempre haya sexo, hazlo por ti y también por mí, hasta por tu madre, mucho sexo, y que los hijos vengan tarde, si vienen, y ve a la playa en invierno, en invierno es mejor, ya vas a ver, y que de vez en cuando viajes solo, y que no te enamores todo el tiempo, y sé coqueto, ¿me oyes?, los hombres que no son coquetos tienen miedo de ser maricones, y si eres maricón, sé un hombre, en fin, los consejos sirven de poco, si no estás de acuerdo no los escuchas, y si ya estás de acuerdo no los necesitas, nunca confíes en los consejos, hijo, un agente de viajes recomienda lugares a los que nunca va, me vas a querer más cuando envejezcas, pensé en mi padre en cuanto nos bajamos del camión, el verdadero amor por los padres es póstumo, ya me siento orgulloso de lo que vas a hacer, me encanta cómo cuentas las horas con los dedos cuando pones el despertador, ¿o te crees que no te veo?, lo haces a escondidas, por debajo de la manta, para que yo no sepa que te cuesta hacer la suma, voy a pedirte un favor, pase lo que pase, por muchos años que tengas, no dejes de contar las horas con los dedos.

(De la nueva novela Hablar solos, ahora en México.)


22 de noviembre de 2012

El labio de Gloria

A veces vemos películas como pretexto para curiosear en las vidas de sus actores, auténticos personajes de sí mismos. Después de gozar In a lonely place, joya noir de Nicholas Ray, me informo sobre la protagonista. Basta decir que iguala en magnetismo y misterio a su compañero de reparto, un tal señor Bogart. La película reflexiona con sutileza sobre el daño amoroso, el cual depende tanto de lo que el otro nos hace como de lo que sentimos que sería capaz de hacernos. Sin embargo, nada más fascinante que la historia de la propia actriz, Gloria Grahame. Su carrera fue precoz y terrible. Obtuvo una nominación al Oscar con 24 años. Ganó otro poco tiempo después. Trabajó con varios de los mejores: Cecil B. DeMille, Frank Capra o el mismísimo Ray, con quien acabaría casándose en segundas nupcias. Aquel matrimonio se rompió drásticamente cuando el director sorprendió a Gloria en la cama con su hijo de 13 años de edad. Con inquietante precisión, ella tuvo tres matrimonios que duraron tres años cada uno. El cuarto y último resultó el más duradero: ese cónyuge fue, curiosamente, el hijastro con el que se había acostado. Insatisfecha por el aspecto de su finísimo labio superior, Gloria se sometió a una cirugía. La operación le dañó el nervio y su labio quedó inmóvil. Jamás pudo recuperar una dicción normal. Desde entonces se dedicó al teatro, como había hecho su madre. Murió bastante joven. No sé si ahora sonríe.

19 de noviembre de 2012

Trío

El rigor de las greguerías radica en la falta de seriedad con que, en ocasiones, alcanzan la trascendencia. Le leo a Elías Moro: «los sonámbulos son nuestros fantasmas de andar por casa». Lo mismo podría decirse de los noctámbulos. Y de los ex.

15 de noviembre de 2012

Selección natural

Ayer salí a la manifestación contra los recortes del Gobierno y observé, en mi camino, qué negocios seguían abiertos pese a la huelga general. Algunos bares. Muchas zapaterías. Todas las joyerías, oh. Una tienda de trajes de novias. Otra de cuartos de baño. Un solárium para broncearse en invierno. El navideño Corte Inglés, la caritativa Zara, la elegante Adolfo Domínguez, la popular Blanco, la progresista Natura. Al pasar frente a esta última, le pregunto a un empleado por qué un local con ínfulas solidarias no apoya la huelga. Él se encoge de hombros y responde: Porque mis compañeras dicen que están contentas con la empresa. Natural.

14 de noviembre de 2012

Se cierra

La Alhambra sólo cierra dos días al año: Navidad y Año Nuevo. Las 363 jornadas restantes está repleta de turistas de todo el mundo. La Alhambra es el monumento más visitado de España. Fue el último bastión frente a los Reyes Católicos. Jamás llegó a ser expugnada por las tropas imperiales: simplemente la rodearon. Mil años más tarde continúa en pie. Hoy, día de huelga general, la Alhambra está cerrada. Las tropas nos rodean.

12 de noviembre de 2012

Perjudicial

En uno de sus frecuentes ataques de furor reproductivo, Gallardón declaró que un hijo indeseado no daña la salud de las mujeres. Pero un ministro indeseable daña la salud de los ciudadanos.

8 de noviembre de 2012

Bombardeo

Me estremece un reportaje sobre la desolación de buscar trabajo con más de 50 años. Gente forzada, en plena madurez profesional, a empezar de cero o retirarse. No puedo evitar pensar que la cronista, o cualquiera de sus admirables colegas, podría protagonizar la misma información que ofrece. En condiciones normales, la escritura periodística parte de una premisa similar a la literaria: la búsqueda de cierta perspectiva desde la cual observar y comprender determinada realidad. Sólo en las guerras informador y noticia, narrador y relato, se superponen brutalmente. Cuando cae el cuarto poder, el primero nos dispara con toda impunidad. Esto es un bombardeo.

5 de noviembre de 2012

Desordenar los manuales

Aunque ninguna etiqueta resume la realidad, algunas la mutilan hasta volverla incomprensible. De eso que llamamos Boom aprendí el abismo entre los rótulos y las obras. ¿Qué tiene que ver Lezama Lima con Onetti? ¿Por qué García Márquez (1927) y Vargas Llosa (1936) sí, pero Puig (1932) no? ¿Hasta cuándo maestros como Di Benedetto o Ribeyro seguirán fuera de la foto? ¿Por qué en el retrato generacional rara vez figuran poetas, habiéndolos brillantes? ¿No resulta sospechoso que Elena Garro, María Luisa Bombal, Rosario Castellanos o Clarice Lispector apenas aparezcan en las viriles listas de sus contemporáneos? De eso que llamamos Boom admiro su ambición estética, que me hace pensar en la infinitud de la escritura; y recelo de sus mesianismos políticos, que me hacen pensar en la patología del liderazgo. Y, en el centro de las generalizaciones, dos décadas de textos memorables: Zama, Balún CanánFinal del juego, El sueño de los héroesEl astilleroPedro Páramo, El coronel no tiene quien le escriba, La ciudad y los perros, Las invitadas, AuraEl obsceno pájaro de la noche. Tanto que se merecen ser leídos como por primera vez, desordenando todos los manuales. 

2 de noviembre de 2012

Del rigor en la ciencia

Mucho se ha hablado de la alarmante falta de sensibilidad de este Gobierno y sus ministerios a la hora de tachar cultura, sanidad y educación como si fuesen casilleros en un impreso bancario. «Versátil en el error», como alguna vez ironizó Borges, el Gobierno sin embargo no se detiene ahí. Los degüellos en ciencia están siendo insólitamente cruentos, tanto en España como en todo el continente que se llamaba Europa. El riesgo es, ni más ni menos, expulsar de sus países a una generación entera de científicos y romper para siempre, en cada uno de ellos, la cadena de transmisión investigadora. Ese daño durará mucho más que la crisis económica. En el mapa grande, leo la carta abierta que 42 premios Nobel han dirigido a la UE mientras prepara sus próximos presupuestos. En el mapa pequeño (que, como en el cuento de Borges, muchas veces coincide con la totalidad), leo la pancarta que con humor y dolor han dibujado en el Instituto de Astrofísica de Andalucía, en Granada. Un personaje pregunta qué se siente al hacer descubrimientos científicos. El otro personaje contesta: «Hambre».

29 de octubre de 2012

Orgasmo de frontera

Por no sentirme tan acomplejada ante los conocimientos científicos de Ezequiel, le he enumerado los distintos verbos que existen en español para nombrar un orgasmo. En Cuba, por ejemplo, le dicen venirse. Ese infinitivo me gusta porque sugiere un acercamiento a alguien. Es un verbo para dos. Y bastante unisex. En España le dicen correrse. Que supone más bien lo contrario. Despegarse al final, alejarse del otro. Es un infinitivo para machos. En Argentina le dicen acabar. Suena como una orden. Parece una maniobra militar. Tengo una amiga peruana que lo llama llegar. Dicho así, se vuelve casi una utopía (y muchas veces lo es). Como si estuvieras lejos o te hiciera falta más tiempo. Su marido dice darla. Interesante. Suena a ofrenda. O, siendo pesimista, a un favor que te hacen: ahí tienes. Siendo así, tampoco me extraña que mi amiga no llegue. En Guatemala se usa irse. Eso ya es un abandono declarado. Sólo les faltaría añadir: después de pagar. En otros países dicen terminar. Frustrante. Suena a que se abre la puerta, te interrumpen y te quedas a medias. En cambio aquí, quizá porque somos de frontera, le decimos cruzar.

(De la nueva novela Hablar solos. Ediciones en Colombia y Chile.)

26 de octubre de 2012

Tramposos (2)

¿No hay cierta semejanza entre el dopaje deportivo y el fraude financiero? La obsesión por el récord y el imperativo del crecimiento obedecen a una misma patología social. Primero aplaudir determinados milagros estadísticos, incluso ponerlos como ejemplo. Y después echarse las manos a la cabeza. Qué tentador confundir la victoria con la desmemoria, la autosuperación personal con la farsa del superhéroe.

25 de octubre de 2012

Tramposos (1)

Me sorprende la sorpresa por dopajes como el de Armstrong. El impacto que causan es directamente proporcional a esta doble moral tan nuestra. Nos encantan los récords compulsivoslas marcas imposibles, los esfuerzos sobrehumanos. Pero nos escandalizan los métodos anómalos que, como es lógico, estos suelen requerir. ¿Quiénes son más tramposos: los atletas o su público?

22 de octubre de 2012

El martillo

Como todo el mundo sabe, en cada habitación donde dormimos, en cada hotel al que vamos, nos espera un martillo que es el mismo de siempre. Ese incansable martillo nos persigue y, en cuanto nos reconoce en la habitación contigua, se pone a ladrar clavos de contento. Nosotros, naturalmente, tratamos de dormir. Pero él jamás se aquieta. Insiste. Se ensaña en la pared de nuestro sueño. Quizá sea una suerte. Quizás esté velando por nosotros. Martillo temporal, golpe de vida, empecinado pulso. 

18 de octubre de 2012

Niño al revés

Como un niño al revés, aprender a escribir quizá consista en desaprender a hablar. En ir desactivando automatismos, expresiones ajenas, conceptos heredados, hasta toparse con la pavorosa incertidumbre de cómo decir las cosas. Desde ese punto de vista, alguien que se declare experto en escritura sería lo contrario de un escritor.

15 de octubre de 2012

Aterrizar

Veo caer, caer, caer a Felix Baumgartner. La caída es tan inconcebiblemente larga que va perdiendo su naturaleza, empieza a parecer un estado voluntario. Lo milagroso no es el récord, sino ese fenómeno de monstruosa belleza. La mutación de su humanidad terrestre y bípeda. Mientras Baumgartner se precipita a más de mil kilómetros por hora, de repente me acuerdo del primer discurso público de Perec. En aquella ocasión, el joven Perec habló de la necesidad de lanzarse en paracaídas. De ese instante sin retorno en que, pudiendo callar o abstenerse o quedarse quieto, alguien habla, escribe: se tira. Al otro extremo del tiempo, en su último discurso, Perec se refirió al deseo de cambiar repentinamente de vida. De hacer todo lo que no se ha hecho. De decir lo no dicho. Finalmente, Baumgartner aterriza. No dice una palabra. No sabe qué decir. Tan sólo se arrodilla. Hasta que no lo narre, no habrá tocado el suelo.

12 de octubre de 2012

Manifestarse

¿Y de qué sirve manifestarse?, objetan los pragmáticos. Eso depende de qué entendamos por utilidad. Cuando se asfixia el concepto de ciudadanía, ir a buscar al semejante, verificar su existencia, es útil en sí mismo. Se sale a la calle no sólo para expresarse ante un posible, y por lo general bastante sordo, interlocutor público. Sino también para toparse con la emoción del par. En situaciones críticas, leer propicia un milagro análogo: comprobar que alguna vez alguien, en algún lugar, escribió sobre experiencias similares. El libro sería entonces una ciudad donde lector y autor, en tiempos diferentes, se encuentran en la misma rabia. 

8 de octubre de 2012

Amor gradual

Nunca fui, lo confieso, un entusiasta de Ashbery. Y he militado, casi, contra cierta moda de los gestos ashberianos: esa tendencia a confundir elusión con reflexión; esa insistencia mecánica en las interrupciones; esa especie de artefacto digresivo que evita la síntesis; ese difuminar una anécdota ya de por sí banal; y un áspero etcétera. Sin embargo, porque a los poetas grandes se los relee incluso sin querer, me sorprendo admirando a un Ashbery distinto en Como un proyecto del que nadie habla. Magnífica y, en el mejor sentido, caprichosamente traducido por el uruguayo Roberto Echavarren. «Es necesario escribir acerca de las mismas cosas/ de la misma manera, repitiendo las mismas cosas una y otra vez/ para que el amor continúe y sea gradualmente diferente (…)/ Sólo entonces la falta de atención endémica/ de nuestras vidas puede enroscarse alrededor de nosotros, amistosa». Quizá la poesía sea ese atento tentáculo que, a fuerza de enroscarse y repetirse por los siglos de los siglos, nos permite distinguir un día de otro.

3 de octubre de 2012

Hablar solos

Dentro del hospital mantengo mi misión. Mi misión me mantiene. La vida se vuelve más difícil afuera. No sé si existirá algún nombre para ese secuestro. ¿Síndrome de Fleming? Cuando no cuido a nadie, nadie me cuida. Cada tarde, al abrir la puerta y colgar el bolso en el perchero, me doy cuenta de lo grande que va a ser esta casa. La recorro vacía. Parece decorada por extraños. Como un museo de nuestra propia vida. Yo soy su única visitante y también una intrusa. No hay nadie aquí. No hay nadie en mí. La que llora, la que come, la que duerme una siesta, la que va al baño es otra. No me decido a ver a mis amigos, porque siempre me preguntan lo mismo. Ni tampoco a huir de ellos, porque me da miedo que dejen de preguntarme. Cuando me acuesto, mientras cierro los ojos, fantaseo con que no me despierto. Necesito una agresión. Necesito que alguien me recuerde que estoy en mí. Necesito a Ezequiel como a una raya. Como un gramo, un kilo, un cuerpo entero. No hablo de amor. El amor no puede entrar en las deshabitadas. O entra, y no encuentra nada. Hablo de asistencia urgente. De reanimación eléctrica. Necesito pegar y que me peguen. Quiero que me ultrajen tanto que ya no me importe. Quiero ser virgen, no haber sentido nada. 

(De la nueva novela Hablar solos, desde hoy en España. Información, aquí.)

1 de octubre de 2012

Aventura

Salimos a comprar dos pijamas de algodón sin agujeros. Después fuimos a otra tienda para cambiar la máquina de café, que había desertado de cansancio. Después cenamos una rosca seca de pollo, tomate y queso. Después vimos un thriller noruego, Headhunters, bastante hiperquinético. Después volvimos a casa y nos tomamos un descafeinado tardío en la máquina nueva. Después nos acostamos a leer. Ella La sueñera, de Ana María Shua; yo Balada, de Marcelo Cohen. Después uno de los dos apagó la luz. Hacía tiempo que no viajaba tanto.

28 de septiembre de 2012

On, off

Aterrizo en España después de un largo viaje, enciendo la tele pública (o lo que queda de ella) y me encuentro al gallardo Gallardón sosteniendo disparates con la corbata fruncida. Debajo de la imagen del ministro circulan titulares como estos: «Rajoy viaja a Nueva York para defender a España en el Consejo de Seguridad de la ONU». No sé qué me irrita más: si el aroma franquista de la frase (¡a defender la Península, que nos invaden!) o su cínico simplismo (¿es precisamente en la ONU donde los ciudadanos necesitamos que nos defiendan hoy?). Intentar infantilizar al espectador no disimula la crisis. La delata. Mientras cambiamos nuestra democracia, cambiemos por lo menos de canal.

25 de septiembre de 2012

Sembrar piedras

Existen distintos tipos de violencia, y la física es tan sólo una de ellas. No justifico ni apruebo la violencia callejera: una vez que empieza, nadie sabe ponerle límites. Pero se me hace difícil no comprenderla. Más todavía si, como de costumbre, la policía contesta a cada piedra con diez disparos. El 15-M ha sido ejemplarmente pacífico en sus protestas. Ningún responsable político tomó en cuenta sus reinvidicaciones. Lo siguiente, porque es inevitable, será que algunos manifestantes pierdan definitivamente la paciencia. Y entonces no valdrá aferrarse al civismo como reproche fácil. Mientras el Gobierno de turno no entienda que ciertos recortes, despidos e injusticias resultan tan violentos como un golpe en la frente, estará sembrando las futuras pedradas en la calle. Cualquier presidente se daría cuenta. ¿Hay alguien ahí?

21 de septiembre de 2012

Cerrajeros y visionarios

Hace dos años y un mes, Fogwill tuvo la ocurrencia de morirse. Hace un año y un mes (cifra de apariencia arbitraria y estructura extrañamente calculada, acaso igual que él mismo) su hija Vera publicó un brillante artículo sobre el duelo. Aquel texto describía, con cierto amor a lo Perec, el interior de la casa de Fogwill sin Fogwill. El museo aún caliente de sus rastros. El desorden de alguien que parecía vivir metaforizándose, fundiendo intimidad y autorretrato. Vera irrumpe en la casa de su padre como una atenta intrusa de algo que le pertenece. Como una extranjera de su genealogía. Y, entre otros mil objetos que parecen una enumeración de Breton, encuentra llaves. Muchas. «Llaves que no abrían nada», especifica. Entonces pienso que hay dos clases de grandes escritores. Los que observan las puertas de su tiempo, para buscar las llaves que las abran. Por ejemplo, Borges o Calvino. Y aquellos que viven inventando llaves a la espera de que alguien, en algún lugar, encuentre al fin las puertas. Silvina Ocampo o, por supuesto, Fogwill.

13 de septiembre de 2012

Breve brindis

La joven narrativa argentina es una maquinaria de tensiones políticas y curiosidad estética. Entre las lecturas que vengo haciendo en este viaje, una de las que más me ha llamado la atención es el libro de cuentos Los refugios, de Edgardo Scott. No sé si porque el autor nació en Lanús, como mi difunta madre. O porque, inexplicablemente, en la foto de la solapa aparece en Granada, donde terminé de criarme. O porque el propio título, con su ambigua invocación (¿un refugio es alivio o miedo?), suscitó en mí un estado de duda sin el cual es imposible leer intensamente. El caso es que abrí el libro con cierta expectativa íntima, cercana a una premonición. Adentrándome en sus páginas, tuve una sensación de descubrimiento parecida a la que experimenté con los primeros cuentos de Samanta Schweblin, El núcleo del disturbio, o más tarde con Glaxo, excelente novela de Hernán Ronsino. La prosa de Scott avanza con una paciencia que jamás es demora. Su precisión tiene algo de esfuerzo disimulado, marca de los genuinos narradores. En eso me recordó a Virgilio Piñera, cuyo microrrelato “Natación” casualmente dialoga con el onírico “Dos láminas”. Algunas de las piezas aspiran a cierta transparencia misteriosa, a un final que nos deja solos ante la interrupción. Otras son brillantes en su búsqueda estilística, sin rozar la estridencia. Es el caso del minimalista “Uvas”, que se deja leer como implícita poética. «El placer de paladearlas en ese breve, mínimo instante», escribe Scott, «es proporcional a la molestia de pelarlas y quitarles las semillas». Acaso lo mismo pueda decirse de los cuentos que bien valen un brindis. 

10 de septiembre de 2012

Del humor como síntesis

Sólo dos cosas van al grano: el deseo y el humor. La diferencia es que el deseo, a veces, necesita disfrazarse de eufemismo. Luchar con el pudor. El humor, por principio, consiste en lo contrario: en quedarse en pelotas. Se alimenta de su propia falta de recato. Quizá por eso, en las crisis, la mejor síntesis suele ser un chiste. En el diario argentino Página/12 leo una viñeta de los certeros Daniel Paz y Rudy. «El Estado debe intervenir en los mercados», declara un personaje. «¿Por?», pregunta, cauto, el otro. «Porque si no», remata el primero, «los mercados intervienen en el Estado». Y así, como de broma, el neoliberalismo se calla la boca.

4 de septiembre de 2012

A escena

Lo más parecido que he visto a la revolución en Buenos Aires son sus teatros. La suma de sus salas opera cada noche una incalculable transformación de la realidad. Escenificar implica, en pocas palabras, experimentar con las posibilidades de lo real. Posibilidades que aquello que llamamos vida suele restringir por una mezcla de malentendido y costumbre. Por eso toda ficción, no importa su argumento, es profundamente política. Voy a ver El culebra de Martín López Brie, ágil tragicomedia sobre la revolución mexicana en particular, y la desolación del idealismo en general. «No quise venderle mi alma al diablo», exclama el protagonista, borrachín combatiente a las supuestas órdenes de Pancho Villa, «porque me pareció desleal vender algo que ni siquiera sé si tengo».


31 de agosto de 2012

Bellos durmientes

Una amiga me explica que nada en el mundo le parece más sexy que un bostezo. Que, al bostezar, un hombre pone en acción todos y cada uno de sus músculos. Que, en ese exacto instante, un espasmo incontenible recorre sus cuerpos. El de él y también el de ella. Y que, de alguna forma, ella calibra la virilidad de sus posibles amantes a través sus bostezos. Quizás el amor perfecto consistiría en caer profunda e inmediatamente dormido, en cuanto nos la presentaran, ante la persona de nuestros sueños.

20 de agosto de 2012

De la dulzura

Esta tarde he ido al cine con mi abuela, a quien acaban de diagnosticarle una seria enfermedad, y la he visto sacarse de la boca, a escondidas, el caramelo que yo le había dado, envolverlo en un pañuelo y continuar mirando la pantalla sin siquiera parpadear. A mi abuela no le gusta comer caramelos, pero sí recibirlos. 

15 de agosto de 2012

Con perdón de Petrarca

Hay quien supone, barroco, que rimar es difícil. Que un poema en versos blancos, sin ecos a la vista, exige menor tensión formal que la paciente, minuciosa simetría de las consonancias. Sin embargo, durante la escritura muchas de las rimas surgen por inercia: es lo primero que el oído le sugiere a un versificador, que necesita desconfiar de ellas. O bien surgen por azar: en todo borrador es posible detectar rimas involuntarias, a menudo complicadas de suprimir. O bien surgen por mera imperfección, porque los sustantivos, infinitivos, adverbios riman empecinadamente entre sí. Paso la noche traduciendo a un poeta contemporáneo del inglés al español. Y descubro pasmado que cada final de verso, al ser traducido literalmente, causa rimas regulares en mi idioma. See-mirror: veo-espejo. Neck-grandfather: cuello-abuelo. Hair-jealousy: pelo-celos. Casi al alba, realizando un sostenido ejercicio de manipulación, logro deshacer esas extrañas consonancias que ni poeta ni traductor buscaban. Entonces se me ocurre que, si metiera entero este poema en el traductor de google, con perdón de Petrarca, me saldría un soneto.

10 de agosto de 2012

Mafalda muda

El joven Quino cumple ochenta. Mafalda algunos menos, aunque ya va teniendo edad de criar nietos de su edad. La modesta épica de clase media que ilustra (y parodia) la serie explica, en parte, su poder de identificación. Otra razón más narrativa se encuentra en su multiplicidad de registros. Mafalda finge ser la protagonista estelar, pero estructuralmente es un hilo conductor. Lo crucial no son tanto sus intervenciones como sus interlocutores. Aunque tenga vocación de cuento, sus variopintas amistades la obligan a novelizarse, y en esa ramificación de voces se vuelve irresistible. Como lector, que un personaje tenga siempre una respuesta trascendente para todo me produce una mezcla de admiración e irritación. A veces no saber qué pensar sobre la realidad resulta más expresivo que impartir aforismos morales. Por eso mis mayores simpatías fueron desde el principio para Felipe, existencialista tímido, conmovedor en sus búsquedas y sus dudas. También me atrae la impaciencia de Guille, su capacidad para reflexionar y, en el cuadro siguiente, patear una tortuga. Los diálogos de Mafalda son memorables. Pero el Quino que más me entusiasma es el de sus otros álbumes, el mudo. Ese que nos delata sin panfletos, desnudando nuestra ideología en elocuente silencio.

(resumen del artículo publicado en Revista Ñ, 20-07-2012)

7 de agosto de 2012

Informar, enfermar

Para justificar el incansable catastrofismo de sus portadas, los medios invocan la función informativa. De ese modo, la inercia sensacionalista queda elevada a ejercicio de franqueza. Como si aquello que la prensa destaca diariamente fuese, por mucho que nos duela, la cruda realidad. Pero lo real no esta ahí de antemano, a la espera de un simple y oportuno espejo. Lo real es sobre todo una construcción colectiva, cuyo contenido mismo depende de sus resúmenes. Por eso los medios no se limitan a reflejar la actualidad. También la priorizan, la articulan, la intervienen. Informar es dar forma. Leo en varios periódicos de España la siguiente secuencia informativa: cae la Bolsa y sube la prima de riesgo (titular superior destacado); el rey Juan Carlos tropieza (titular mediano); se descubre que el cáncer tiene células madre, corrigiéndose el enfoque de la enfermedad y sus posibles tratamientos (titular secundario, bien abajo). ¿Quién y cómo decide la jerarquía entre estos tres planos de la realidad? Mientras tanto, en la Plaza de Colón de Madrid, muy cerca de la sede del PP, se desploma la gigantesca bandera nacional. Cabría preguntarse por qué era tan grande. 

3 de agosto de 2012

Manual de autococina

El 97 por ciento de Groenlandia se descongeló en el mes de julio: un pescado fresco en el refrigerador. Un pedazo del glaciar Petermann navega, transatlántico crujiente, duplicando el tamaño de Manhattan. Como un nombre sustituyendo a otro. Justo debajo de la noticia sobre el iceberg en el diario La Vanguardia, un anuncio promete: «pequeño, ligero, fácil de usar». El invierno de Buenos Aires luce su sol liso. Me imagino el planeta en una cacerola a fuego lento, igual que un antropófago cocinándose a sí mismo. 

31 de julio de 2012

Veranear libros (2)

Y este año, en la pila, están pendientes, ¿cuáles?, qué desorden. La flor azul de Penelope Fitzgerald, particularmente recomendable para los admiradores de Novalis, protagonista de la novela. El último libro de ensayos de Jonathan Franzen, Farther away, del que discreparé con todo gusto. Arrecife de Juan Villoro, cuyos cuentos y artículos son tan buenos que casi nos olvidamos de que sus novelas son tan buenas. Aquí todo es mejor de Justin Taylor, debut de un joven neoyorquino que tiene una pinta estupenda. El libro, digo. Binocular vision de Edith Pearlman, antología de la que he leído comentarios irresistibles y temo que me decepcione. Ideogramas de Juan Carlos Méndez Guédez, uno de los mejores y más divertidos y tristes narradores latinoamericanos de su generación. Purga de Sofi Oksanen, que empieza con una mosca y eso de alguna forma me parece honesto. Mantener la cadena de frío, de los no obstante cálidos Ben Clark y Andrés Catalán. Un assassin blanc comme neige y Éclat du Solitaire de mi adorado Christian Bobin, quien no sé por qué siempre publica a pares y casi nunca lo traducen. Grieta y Todo ajeno de Natalia Litvinova, que también traduce y escribe a pares y aún no ha publicado esos libros nuevos, aunque sé que estoy a punto de leerlos. O Tel quel de Paul Valéry, dos volúmenes de aforismos donde se dice, mira por dónde, que la sintaxis es una facultad del alma. Qué astutamente corto es el verano.

27 de julio de 2012

Veranear libros (1)

Las lecturas de verano son como las de invierno, pero con más esperanza en que el tiempo no corra. Así nos va. Paciencia. Cada año uno se promete leer inmensos novelones, y rara vez cumple semejante propósito. Las vacaciones pasadas me quedé en libros de tamaño intermedio, digamos que novelas para septiembre o marzo, según el hemisferio: El periodista deportivo de Richard Ford, Senectud de Italo Svevo o El misterio de la carretera de Sintra de Eça de Queiroz, que inventó el siglo veinte en pleno diecinueve. También veraneé diarios: los de Cheever y Tolstói, dos tipos difíciles. No de leer. Y poesías reunidas argentinas: la deslumbrante de Joaquín Giannuzzi, a cargo del a su vez poeta Jorge Fondebrider, o la de Juana Bignozzi, La ley tu ley, que valdría la pena releer en España. Y algunos cuentos completos que leí incompletos, como los de Medardo Fraile o la imbatible Flannery O’Connor. La cual, citando a cierto místico francés, dejó dicho que todo lo que se eleva (como las vacaciones) deberá converger (como el otoño, sí).

24 de julio de 2012

Obras menores, genios mayores

Hay dos maneras opuestas de acercarse a los maestros. O esperamos tanto de ellos que, por culpa de su pasado, jamás nos satisfacen. O asumimos la improbabilidad de que se superen y, por si acaso, nos preparamos para un bache. Esta semana he visto consecutivamente To Rome with Love de Woody Allen y Dark Shadows de Tim Burton. Me senté casi resignado a presenciar un desliz en dos genios que me interesan hasta cuando me defraudan. El primero venía de un drama fallido (Vicky Cristina Barcelona) y un cliché romanticón (Midnight in Paris). El segundo, de un musical exasperante (Sweeney Todd) y una decepción lujosa (Alicia en el país de las maravillas). Pero también les debemos milagros como Bullets Over Broadway o Big Fish. Y esas cosas, a diferencia del matrimonio, nos generan cierta lealtad hasta la muerte. Así que fui. Pese a las malas críticas. Pese a todos los augurios. Y, francamente, las disfruté. La de Allen contiene algunos diálogos con los reflejos de antaño y una ocurrencia gloriosa: esa ducha en la ópera. La de Burton despliega un virtuosismo deslumbrante en las actuaciones y asocia el vampirismo, el rock y la poesía romántica. Ambas brillan al principio y decaen al final. Ambas dependen de sus versiones originales: la mezcla permanente de inglés e italiano en la de Allen, la exquisita parodia del acento británico en la de Burton, resultan imposibles de doblar. Y ambas están, aleluya, escritas con humor e inteligencia. Es más de lo que ofrece casi cualquier estreno.


19 de julio de 2012

Peritos en catástrofes

Aeropuerto de Barajas, Madrid. A punto de embarcar rumbo a mi tierra de origen, nos encontramos con una amiga argentina. Inevitablemente, desplegando una especie de vengativa solidaridad, ella nos pregunta: «¿Y cómo van las cosas por acá?». Mi pareja andaluza, con resignada costumbre, empieza a hablarle de la crisis del país. Nuestra amiga comenta: «Sí, sí, ya vi que acá se quejan mucho». Bien. Entendido. Nada de victimismos. Aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires. Control de pasaportes a la mañana siguiente. «¿Y qué tal las cosas por España?», pregunta el agente de aduanas. Precavida, mi pareja andaluza contesta que tampoco están tan mal. El agente frunce el ceño como un perito en catástrofes. «¡Eso por ahora!», exclama. Y le sella el pasaporte.

13 de julio de 2012

Bank Airlines


No sé por qué los bancos tienen
cierto gesto de aeródromo
a punto de vaciarse
señores pasajeros contribuyan
la vida no se puede ahorrar
atención atención es la última llamada
a dormir todos este país despega
el personal a bordo vende paracaídas


9 de julio de 2012

Síndrome de Videla

Igual que a largo plazo lo callado grita, los desaparecidos sobreviven reapareciendo una y otra vez. Lo hacen ellos mismos, en forma de fantasma tácito. O a través de los cuerpos que alumbraron. «Antes de ser Victoria yo era María Sol», recuerda una mujer criada por cómplices de los verdugos de sus padres. «Y cuando me llamaba María Sol, todo lo que aporté a la justicia era para proteger a mi apropiador. Y siempre tenés esa deuda interna con vos mismo». Un yo mismo radical, casi incalculable. Que equivaldría a la resta de todo lo que has sido, más la suma de aquello que no pudiste ser. «Cuando declaré, fue como exorcizar todo lo que hice cuando era María Sol. Mi apropiador falleció en 2003 y mi apropiadora en 2007. Yo los amaba profundamente, nunca los odié». En ese amor autofágico está escrita, entre Stevenson y Walsh, la espantosa novela de mis dos países.

4 de julio de 2012

Padre pan

Encuentro un vídeo donde José Viñals recuerda, o saca del horno, a su padre panadero. Viñals fue mi maestro literario. Lo conocí a los 15 años, cuando no le hacemos caso a nadie pero tanto necesitamos consejos. Él me enseñó a discutir cada coma. A preguntarle al personaje. A ser respetuoso con la gramática y atrevido con la forma. Por violencias de la historia y también por vocación nómada, tuvo innumerables domicilios en Buenos Aires, Bogotá, Madrid, Jaén, Valencia, Málaga. Quizá se mudaba para volver a escribir desde cero. La última vez que lo vi, me recibió con su copa de coñac y su máquina de oxígeno. Le pregunté cómo se sentía. Él me contestó que se sentía atado a diez metros de cable. Pero que, cuando estaba optimista, pensaba en la ecuación del radio y la circunferencia y le salían más metros. Nos despedimos desdramatizando. Dije: ¡Descanse, general! José exclamó: ¡Descanso general, eso voy a tener! Su libro póstumo se titula Pan. Lo escucho recitar sobre su padre: «No tuve altura suficiente para darle la mano». Llegué a darle un abrazo a mi abuelo hipotético, al poeta panadero Viñals. Y es como si siguiera faltándome algo en los brazos.

2 de julio de 2012

Eurocopia

Y España volvió a ganar, aunque sea jugando. Menos mal que el fútbol, oigo decir a muchos aficionados, nos distrae por un rato de la política. Sin embargo casi todos, precisamente por razones políticas, celebramos la derrota de una Alemania demasiado segura de sí misma. Igual que, en el partido anterior, habíamos lamentado su victoria ante la sufrida selección griega. Nos dio cierta lástima golear a una Irlanda en bancarrota, ante la mirada de un árbitro portugués. Más que un partido, aquello parecía un rescate a tres bandas. A diferencia de otros torneos, hubo algo de tácita complicidad entre italianos y españoles. Pensábamos en Pirlo y Sergio Ramos, en sus penaltis suicidas. Pero acaso sus disparos se desviaban hacia la cumbre del euro, con Monti y Rajoy corriendo a presionar, apoyados por el mediocampista Hollande, a la ultradefensiva Merkel. No es exactamente una evasión lo que propone el fútbol. Sino más bien un reflejo esperanzadamente deformado. Una contestación simbólica, cuya libertad coincide con sus límites: son apenas noventa minutos. Una hora y media de ficción bien actuada, como el cine. Mitad olvido y mitad memoria paralela. A caballo entre el opio y la revancha.

29 de junio de 2012

Traducirnos

Amor y traducción se parecen en su gramática. Querer a alguien implica transformar sus palabras en las propias. Esforzarnos en entender a la otra persona e, inevitablemente, malinterpretarla. Construir un precario lenguaje en común. Para traducir un texto hace falta desearlo, codiciar su sentido, cierta necesidad de poseer su voz. El amante se mira en la persona amada buscando semejanzas en las diferencias. Quien traduce se acerca a una presencia extraña en cuya identidad, de alguna forma, se ha reconocido. Traductores y amantes desarrollan una susceptibilidad casi maníaca. Dudan de cada palabra, cada gesto, cada insinuación que surge enfrente. Sospechan celosamente de cuanto escuchan: ¿qué habrá querido decirme en realidad? En ese diálogo que alterna costumbre y fascinación, conocimiento previo y aprendizaje en marcha, ambas partes salen modificadas. Tanto amando como traduciendo, la intención del otro se topa con el límite de mi experiencia. Para que esto funcione, hará falta que admitamos los obstáculos: no vamos a poder leernos literalmente. Voy a manipularte con mi mejor voluntad. Lo que no se negocia es la emoción.

(fragmento del artículo publicado en la Revista Ñ, 22-06-2012)

26 de junio de 2012

Homo bursatil

El inefable FMI nos ordena qué hacer para evitar el naufragio después de que su propio ex director, mister Rato, inflara la burbuja inmobiliaria y hundiese un banco. Los especuladores nos toman por primates. En la escala de la evolución del homo bursatil se desarrolla una compleja parentela: las primas de riesgo, los tíos de la banca, los padres de la ruina y los hijos de su madre.

22 de junio de 2012

Música maltrecha

«No me interesa lo puro», se mancha Marta Sanz en un extraordinario texto acerca del escritorio donde trabaja. Me acuerdo de Nicolás Guillén, cantor de la impureza en cierto poema que caía, sin embargo, en la presunta pureza de la homofobia. «No impido que el ruido de fuera se cuele en la página», sigue sonando Sanz. «Abro. Ventilo. Ensancho la rendija». Esa rendija en ciernes, que es la interferencia del mundo, puede ser percibida en términos de obstáculo o de material. El margen de la página que escribimos, ¿nos aísla o nos comunica? ¿Es más puente o placenta? En la respuesta a estas metáforas se juega quizá nuestra relación con el lenguaje. «Pego la oreja. Las voces me repercuten dentro como los graves de los altavoces». Porque a veces callarse es demasiado agudo. El silencio tiene algo de nervio, vive a punto de ser atacado. «Tampoco yo soy el silencio». Escuchar esta idea me hace hablar. Ha existido algún genio placentario (Juan Ramón), pero tiendo a admirar a quienes encuentran música en mitad del ruido. Como el dial vibrante de una radio, que merodea por sus alrededores hasta lograr una sintonía. Una radio apagada es perfecta y estéril. El silencio me interesa como maltrecho resultado: una especie de esfuerzo de clarificación. Como punto de partida esencial me parece aberrante. «Es importante la historia del vecino. Ojalá la luz filtrada por la cortina me manche el relato. Me lo arruine.» Tocan la puerta. ¿Voy o no voy? Ahora sí empieza el texto.

18 de junio de 2012

Dudo, luego recorto

El poder financiero duda de que España salga de la crisis. Para salir cuanto antes de esa crisis, el Gobierno de España aplica los recortes más salvajes de su historia. Con semejantes recortes, la economía española ofrece pocas perspectivas de crecimiento. Entonces el poder financiero duda. Sólo hay una certeza: de la aporía nadie nos rescata.

15 de junio de 2012

Metafísica lunfarda


No seas atorrante, tiempo interno,
envejecé conmigo y no chamuyes
retrasos en la edad imaginaria.
¿Vos te das cuenta de lo que lastima
engrupir al adverbio todavía?
Rimá nomás, estilo.
Eso no va a salvarte del desorden.


8 de junio de 2012

Fantasma recíproco

Las ferias del libro sirven, entre otras cosas, para confirmar un fantasma recíproco. Mientras leemos un libro, tendemos a sentir que su autor no existe fuera de sus páginas, o que su existencia real es apenas una hipótesis. Hasta que un día, de pronto, en alguna feria del libro, lo vemos en persona, le hablamos y le tocamos la mano. Esa mano que suda y tiembla un poco y es verdad. Por su parte quienes escriben, mientras trabajan entre cuatro paredes, sospechan que hablan solos, temen estar monologando sin querer. Hasta que un día se materializa el personaje más sorprendente de todos, el otro, ese que lee. Pero semejante encuentro tiene sus riesgos melancólicos. «No le cuentes nada a nadie», finaliza El guardián entre el centeno, narrada en forma de confesión íntima para unos interlocutores invisibles. «No le cuentes nada a nadie. Si lo haces, empiezas a echar de menos a todo el mundo.» Quizá por eso ahora, lejos de la Feria del Libro de Madrid, tengo la sensación de hablarle a un hueco. Escribo porque echo de menos a no sé quién.

4 de junio de 2012

De qué hablamos cuando hablamos de economía

¿No estamos hartos ya de la sobredosis diaria de noticias financieras, de esta cascada de datos que no se corresponden con los que más conciernen al ciudadano medio y al trabajador corriente? ¿De verdad estas insistentes estadísticas se merecen un titular tras otro, de lunes a domingo? ¿En serio abstracciones tales como la prima de riesgo necesitan ser atendidas, medidas y comunicadas al país entero cada 24 horas? ¿No tienen también los medios alguna responsabilidad en esta psicosis colectiva? ¿No están malgastando sus energías informativas, sociales y simbólicas en un lugar estéril? ¿Alimentar el monotema no nos convierte en cómplices? ¿No estaremos caminando hacia una profecía autocumplida: tememos estrellarnos, y tanto lo repetimos que quizá lo lograremos? Son sólo preguntas. Pero, al menos por ahora, hacer preguntas sigue siendo gratis. Y renunciar a responderlas puede costarnos caro.

30 de mayo de 2012

El argumento

Nuestros dolores tienden a aliviarse leyendo. Mentira. No se alivian: cambian de dirección. Salen de casa. Hace algún tiempo, debido a la internación de un ser querido, pasé una temporada leyendo novelas en un hospital. No lo hacía para distraerme (distraerse en los hospitales es imposible: son máquinas de atención), sino para tratar de entender qué demonios estaba sucediendo ahí. Leía sobre enfermos y muertos y viudos y huérfanos. Quizá la historia entera de los argumentos cabría en esa enumeración.

23 de mayo de 2012

Poética de mano

Miro mi maleta. Ahí, en un rincón. Roja. Elíptica. El arte de cerrarla dependerá no tanto de lo que introduzca, como de todo aquello que me aventure a quitar. Un equipaje es mucho más que un lote de pertenencias: es, sobre todo, un conjunto de renuncias. Acomodo mis prendas en pequeñas bolsas de plástico. Camisetas sin aire. Calzoncillos que tienen algo de pañuelo deshonrado. Calcetines retraídos de tanto caminar. La ropa usada nunca parece la misma que nos habíamos puesto. Arrugo, aplasto, compacto lo que casi fue mi cuerpo en las bolsas, procurando adaptarlas a la forma exigente de la maleta. Cuando por fin consiga cerrarla, habrá una especie de misterio en su armonía. Su apariencia exterior será natural. Su método interior habrá sido la insistencia. Así viajan estas bolsas malolientes, inmaculadas, mías, de nadie. La ropa sucia, las palabras nuevas.

19 de mayo de 2012

El subcampeón

La inmensa mayoría de los deportes plantea su destino de manera kantiana: ganará el mejor. Resultaría inconcebible afirmar que un tenista jugó mucho mejor que su rival durante todo el partido, pero al final perdió. O que determinado equipo de básket renunció por completo a llevar la iniciativa y terminó venciendo. Veo la final de la Champions League con menos admiración por ambos finalistas (ninguna, en el caso del campeón) que por el fútbol mismo. Los más idealistas podrán argumentar que el resultado del Bayern de Múnich-Chelsea no ha sido justo. Pero en esa profunda capacidad de injusticia, en su mezcla de mérito y crueldad, reside precisamente el misterio del fútbol, el deporte más humano que hemos sido capaces de inventar.

15 de mayo de 2012

El apetito de Fuentes

Algo fantasmagórico sucede con el Boom. Mientras a García Márquez le inventaban una muerte en la Red, sus libros resucitaban en la feria de Teherán. Y, mientras Carlos Fuentes anunciaba que iba a empezar un libro, se le terminó la vida. Nunca tuve ocasión de tratar a Fuentes. Una vez le di la mano en Guadalajara. Saludaba mirando a los ojos y apretando. Transmitía una mezcla de ambición y sosiego. No parecía alguien que lamentara ser quien era. Tommasso Debenedetti, humorista italiano de inverosímil nombre y autor de la falsa noticia sobre Gabo, es experto en mentir entrevistas. He leído inmejorables entrevistas imaginarias, como las de Papini en Gog, las de David Foster Wallace en Brief Interviews with Hideous Men o las de Kurt Vonnegut en God Bless You, Dr. Kevorkian. Hoy en cambio nos parece inventada la entrevista real con Carlos Fuentes que, hace apenas 24 horas, publicó El País. En declaraciones casi póstumas, Fuentes dijo que bailaba, que tenía planes y que no tenía miedo. Abro Cambio de piel por el final. La penúltima línea todavía repite: «Sé que su apetito no está satisfecho».

10 de mayo de 2012

Heráclito en la selva

Aterrizo en Manaos para la Bienal do Livro del Amazonas. La vida de hotel tiende a convertirse en una sucesión de retracciones. Al principio nos cuesta pisar la calle. Más tarde apenas logramos ir más allá del bar. Y finalmente, en una especie de consumación larvaria, no salimos de nuestra habitación. Por eso en mi día libre, para exiliarme del hotel, hago una excursión a la selva. Pero la barbarie de la civilización va conmigo: mientras subimos a bordo, no imagino ninguna tribu sino a Klaus Kinski en Fitzcarraldo, de Herzog. De pronto algo disipa mi ensimismamiento: el Encuentro de las Aguas. En un golpe de inverosimilitud que dura kilómetros, el río Amazonas y el río Negro chocan y discurren juntos, sin confundirse en absoluto. Sus diferencias de temperatura, densidad y velocidad los mantienen enfrentados como dos países limítrofes. Así que el célebre encuentro es, en realidad, un borde. No hay mezcla ni intercambio: sólo otra frontera. Me quedo contemplando esta refutación del mestizaje que escenifica la naturaleza. Pienso en los peces que se asoman al límite de ambos ríos. Y me acuerdo de Erri de Luca, que observó que los peces nunca cierran los ojos.

7 de mayo de 2012

El dentista de Sarkozy

Hace algún tiempo, en la vocacionalmente lluviosa París, deambulando por los bulevares del oeste, me topé con la clínica dental a la que acude Sarkozy. Mais oui. Tal cual. De pronto. Me habían hablado de él: docteur Molloy Stuart. Avenue Saint Honoré d’Eylau. El sacamuelas del sacamuelas europeo. El barrio 16 suele ser así: embajadas, perritos, ortodoncias. Imagino a Sarkozy abriendo mucho la boca, babeando ligeramente, diciendo aahh, escupiendo, secándose las comisuras con el dorso de la mano, poniéndose en pie, centrándose la corbata. Europa tiene caries. Es hora de cerrar la boca, monsieur le Président. En la puerta de la consulta, manso, destellaba un descapotable.

3 de mayo de 2012

La epifanía como analgésico

Vuelo al Amazonas, por extraño que me suene escribirlo. El viaje ha sido horrible, accidentado, disuasorio. Hasta que, por la ventanilla del avión, diviso esos ríos que son como planetas. Y más tarde, en Manaos, veo los rascacielos creciendo entre árboles rebeldes o viceversa. Entonces pienso que una epifanía bien vale un dolor de espalda. O que, sin cierto dolor físico, no hay epifanía que valga la pena.

30 de abril de 2012

Gigante provisional

La feria del libro de Buenos Aires me devuelve imágenes de infancia. Una mezcla de cosas que tienden a elevarse: globos, libros, caras de familiares que ya no están. El objetivo de toda feria es su apertura, pero lo más instructivo es la clausura. Gigante provisional, las horas posteriores al cierre de sus puertas son la otra ceremonia. Aún recuerdo cómo, entre el apocalipsis y la melancolía, la estructura completa de la última FIL de Guadalajara se desvaneció ante mis ojos. Las paredes volaron. Los pasillos se extraviaron. Los anaqueles fueron vaciándose, como si perdieran la memoria. Centenares de puestos quedaron reducidos igual que juguetes plegables. Los carritos se llevaban la lectura a otra parte. Todo era cartón. La palabra también. Por eso se recicla. Los verdaderos artífices de semejante prodigio no son funcionarios, políticos ni escritores. Son esos empleados que cargan, transportan, desarman. Cuando no queda un micrófono vivo, ellos se quedan estibando a medianoche. Mientras recorría fascinado los restos de la feria, recordé una idea de Alejandra Pizarnik: «Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado, yo hablo». La literatura tiene la propiedad de guarecernos y, al mismo tiempo, revelarnos nuestra intemperie.


(resumen de la columna en la Revista Ñ, 21-04-2012. Leer texto completo…)

23 de abril de 2012

Los espacios vacíos

¿Has visto alguna vez la desnuda grandeza
donde no hay nada más que contemplar,
música y decorados sin igual,
montañas escalando al cielo gigantescas?

(…)

¿Has borrado las huellas que tus botas dejaron,
has osado adentrarte en lo lejano
y abrazado el tesoro al final del camino?
¿Has marcado en el mapa los espacios vacíos?


[fragmentos del poema The Call of the Wild, de Robert Service (1874-1958). Versión de Andrés Neuman.]

19 de abril de 2012

10 apuntes para sacar petróleo


1. Todo país tiene el derecho, y también la necesidad, de controlar sus propios recursos naturales. Esa legitimidad es más profunda que los acuerdos empresariales.

2. Plantearlo como una batalla entre dos países simplifica la naturaleza del conflicto y manipula a la opinión pública. El problema está en la alianza entre los comportamientos abusivos del capital multinacional y los excesos neoliberales en la gestión del Estado. En la Argentina esta alianza se remonta a la dictadura de los años 70, y se reprodujo brutalmente durante el menemismo de los años 90.

3. ¿Acaso Repsol se financia con los impuestos de los ciudadanos de España? ¿Acaso el destino principal de sus ganancias es el Estado y sus servicios públicos? Entonces no hay por qué considerarla una empresa esencialmente española, ni desplegar banderas fáciles.

4. Confesión para argentinos: no hay empresas más detestadas por los propios usuarios españoles que Telefónica, Iberia y un voraz etcétera. No conozco a ningún amigo español que se sienta íntimamente representado por ellas. Lejos de separarnos, esto hermana a ambos pueblos. ¿Dónde está el enemigo en realidad?

5. Confesión para españoles: las multinacionales implantadas en Latinoamérica han aplicado tarifas y normas que resultarían inadmisibles en Europa. También suelen hacer cínicas cuentas: lloran las pérdidas causadas por las excepcionalidades jurídicas del país, pero callan los beneficios desproporcionados que esas mismas excepcionalidades les trajeron durante impunes años.

6. Las comparaciones entre la conquista de América y la ola de privatizaciones de los años 90 es muy poco rigurosa, por no decir hipócrita. Las sociedades precolombinas no pidieron ni negociaron el desembarco de los conquistadores. La sociedad argentina, o cuando menos esa mayoría que eligió y reeligió al privatizador Menem, tuvo en cambio alguna responsabilidad en el aterrizaje masivo de las multinacionales. Todo patriotismo bien entendido incluye la autocrítica.

7. En cuanto se independizó de la corona española, la República Argentina emprendió un exterminio de sus propias comunidades indígenas. No otra cosa llevó a cabo el presidente Julio Argentino Roca. No muy distinta fue la opinión del prócer Sarmiento. El indio, el oprimido con el que hoy pretende identificarse cierto progresismo latinoamericano, es el enemigo bárbaro en el Martín Fierro, poema épico nacional.

8. Con todos sus defectos, demagogias y gestos autoritarios, el gobierno de los Kirchner ha sido lo mejor y más digno que podía sucederle a la política argentina tras la década siniestra de Menem y la hecatombe del corralito. Tan cierto es eso como que, en un principio, los Kirchner apoyaron la privatización de YPF, empezando por su propia provincia. Bien está haber rectificado; mejor aún sería admitirlo.

9. Que una mujer gobierne en la Argentina (una mujer, se entiende, con una larga y sólida formación política) ha supuesto un significativo paso en la evolución social del país. Otro paso sería que, algún día, para gobernar algún país latinoamericano, no hiciera falta ser militar ni millonario ni pertenecer a una familia con antecedentes en el poder. Es decir, que algún día gobernase alguien con un origen parecido al de la mayoría de sus votantes. En este sentido, quien subestime la importancia de Evo Morales no entenderá Bolivia.

10. A la generación del 15-M, como a aquella otra del 98, le duele España. A la generación del corralito, como a tantas otras antes, le dolió Argentina. Qué extraño desconsuelo que te duelan las dos.