6 de julio de 2011

Vergüenza

Se abre la puerta del coche y, al meter la cabeza, me topo con Coetzee. Mi sobresalto es doble. Es uno de los escritores que más admiro en el mundo. Pero además, lo confieso, no me había detenido a leer el programa del festival e ignoraba que él estuviera invitado. Tomo asiento, nervioso. Coetzee estira un brazo y esboza lo que, considerando su célebre sequedad, podría calificarse de media sonrisa. «I’m John», murmura. Comenzamos el trayecto en silencio. Más tarde intercambiamos unas cuantas frases sobre los aviones y los idiomas. Coetzee lleva un ejemplar italiano de Disgrace. Me extraña que la traducción se titule Vergogna. Aunque el título original incluya ese sentido (la vergüenza, la deshonra), así se pierde el matiz trascendente relacionado con la gracia. Reúno valor para preguntarle algo que siempre he querido saber sobre esa novela: si, a través de los diálogos, un lector en inglés debiera deducir que la joven alumna, como se muestra en la película, es negra. «It’s quite a philosophical question», contesta Coetzee. No dice nada más en todo el viaje. Nos bajamos del coche.