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30 de marzo de 2014
La casa y el viento
De visita en la hospitalaria Oklahoma, tierra de vientos y trenes, me entero de que pronto empezará la temporada de tornados, que en algunas zonas del estado pueden ser verdaderamente destructivos. Nadie a mi alrededor parece asustado por eso, o todos parecen haber aprendido a asustarse sin que nadie lo note. En la localidad de Moore, me cuenta una ancianita llamada Philis, varias casas vuelan cada año. Le pregunto cómo hace la gente para seguir viviendo allí. «Vuelven a construir sus casas, señor», me responde la anciana. ¿Y si al año siguiente vuelven a perderlas? «Entonces las construyen de nuevo, señor.» ¿Y por qué no se mudan a otro pueblo? «Porque esa es su casa.» Philis me sonríe y el rugido de un tren se lleva su siguiente frase hasta donde sólo el viento puede oírla.
3 de octubre de 2013
Narrador torcido
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| © Daniel Mordzinski |
Si el tamaño es cuestión de perspectiva, ¿la perspectiva en qué se apoya? La línea recta opera como un énfasis: le da raíl al discurso. Subraya una intención y disimula sus fracasos. La línea irregular, en cambio, esa que trepa, duda terrenalmente, se dobla y termina cayendo, registra a la manera de un sismógrafo cada intento interrumpido, cada opinión que muda. Un narrador mira el paisaje como el posible borrador de una escena que lo contiene. Escucha lo que dijeron otros hace miles de páginas, relee el viento sur, desconfía de la red del cielo, deja un hueco a su izquierda por si alguien contesta. Y se pone a sí mismo finalmente en perspectiva: un testigo minúsculo cuya desproporción está en la altura de su vértigo.
[Nueva pieza del proyecto fotográfico-poético Cuerpos
extraños, en colaboración con Daniel Mordzinski. En
la imagen, Sergio Ramírez. Otras entregas, aquí: Alberto Barrera Tyszka, Pola Oloixarac
y autorretrato.]
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Sergio Ramírez
21 de junio de 2013
Plan B
BANCO: entidad que protege el porvenir de nuestras deudas.
BANDERA: trapo de bajo coste que tiene un alto precio.
BAÑO: biblioteca sin prestigio.
BASURA: quintaesencia.
BESO: palabra articulada simultáneamente entre dos hablantes.
BIOGRAFÍA: manera en la que alguien va muriéndose.
BÍPEDO: criatura que hubiera preferido volar.
BOLERO: alegría de llorar.
BOSQUE: estrategia de distracción del árbol.
BÚSQUEDA: hallazgo casual de otra cosa.
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21 de febrero de 2013
Bosque de Mametz
Muchos años después, los labriegos siguieron encontrándolos:
los jóvenes perdidos, resurgiendo
debajo de las palas al remover la tierra.
Una ficha de hueso, platos de porcelana de omoplatos,
la reliquia de un dedo, el huevo de ave
golpeado y triturado de algún cráneo,
todo emulando ahora al pedernal, blanco roto en azul,
a lo largo del campo donde les ordenaron caminar, no correr,
hacia el bosque y sus nidos de metralla.
Incluso hoy la tierra permanece centinela,
removiéndose sola como recordatorio,
herida progresando en cuerpo extraño hacia la superficie de la piel.
Esta misma mañana, veinte hombres en una sola fosa,
mosaico hecho pedazos, huesos hombro con hombro,
esqueletos frenados en mitad de una danza funeral,
todos con esas botas que los sobrevivieron,
sus cabezas sin ojos recostadas en ángulo
y sus mandíbulas -aquellos que las tienen- bien abiertas.
Como si las notas que alguna vez cantaron
sólo ahora, con este desentierro,
escaparan de sus lenguas ausentes.
(Poema de Owen Sheers. Del libro El hombre sombra, Editorial
Pre-Textos, Valencia, 2016. Traducido por Andrés Neuman.)
Pre-Textos, Valencia, 2016. Traducido por Andrés Neuman.)
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10 de mayo de 2012
Heráclito en la selva
Aterrizo en Manaos para la Bienal do Livro del Amazonas. La vida de hotel tiende a convertirse en una sucesión de retracciones. Al principio nos cuesta pisar la calle. Más tarde apenas logramos ir más allá del bar. Y finalmente, en una especie de consumación larvaria, no salimos de nuestra habitación. Por eso en mi día libre, para exiliarme del hotel, hago una excursión a la selva. Pero la barbarie de la civilización va conmigo: mientras subimos a bordo, no imagino ninguna tribu sino a Klaus Kinski en Fitzcarraldo, de Herzog. De pronto algo disipa mi ensimismamiento: el Encuentro de las Aguas. En un golpe de inverosimilitud que dura kilómetros, el río Amazonas y el río Negro chocan y discurren juntos, sin confundirse en absoluto. Sus diferencias de temperatura, densidad y velocidad los mantienen enfrentados como dos países limítrofes. Así que el célebre encuentro es, en realidad, un borde. No hay mezcla ni intercambio: sólo otra frontera. Me quedo contemplando esta refutación del mestizaje que escenifica la naturaleza. Pienso en los peces que se asoman al límite de ambos ríos. Y me acuerdo de Erri de Luca, que observó que los peces nunca cierran los ojos.
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3 de mayo de 2012
La epifanía como analgésico
Vuelo al Amazonas, por extraño que me suene escribirlo. El viaje ha sido horrible, accidentado, disuasorio. Hasta que, por la ventanilla del avión, diviso esos ríos que son como planetas. Y más tarde, en Manaos, veo los rascacielos creciendo entre árboles rebeldes o viceversa. Entonces pienso que una epifanía bien vale un dolor de espalda. O que, sin cierto dolor físico, no hay epifanía que valga la pena.
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