Más que una novedad para la música, Amy Winehouse siempre me pareció un epígono brillante. Una excelente ventrílocua de voces del pasado. Que cantaba muy bien, nadie puede negarlo. Que nos deje un estilo, eso ya es más dudoso. Su muerte antes de los 30 provocará algo tan sórdido y previsible como su autodestrucción: la exageración póstuma de su talento. Los mismos que hace un mes se reían de su bochorno musical en Belgrado, hoy lamentarán la pérdida de una artista inigualable, ble, bla, bluf. Según un manoseado adagio argentino, desde su accidente, Gardel canta cada día mejor. A Winehouse, por desgracia, la muerte le ha evitado cantar cada día peor. Detesto la necrofilia de las hazañas potenciales, de las presuntas obras maestras que los difuntos habrían compuesto. Genios tempranamente malogrados fueron Billie Holiday, Elvis Presley, John Lennon. Como algunos del siniestro Club 27: Jones, Hendrix, Morrison, incluso Cobain. Si nos ponemos a decir que Winehouse fue el prodigio truncado de su generación, estaremos faltándole el respeto a su vida y a la música. Mientras tanto, de paseo por San Sebastián, el abuelo BB King se hace más mito envejeciendo.
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23 de julio de 2011
5 de diciembre de 2010
Suite 5001
En mi hotel de Londres, The Cumberland, Jimi Hendrix concedió su última entrevista. Cinco días antes de morir. En la suite 5001. Lo recuerda una placa junto a la recepción. Hoy aquella habitación es una especie de museo habitable: por una preocupante cantidad de libras, el huésped puede dormir bajo el techo donde Hendrix grabó sus últimas palabras. La estancia ha sido decorada siguiendo los recuerdos del periodista que lo entrevistó aquí hace cuatro décadas. Suite 5001: suena a ciencia ficción en pleno viaje lisérgico. En el año 5001, si es que el mundo llega, en este mismo lugar quizás habrá otra placa que recuerde esta placa, junto a un cascote multicolor. Del rock and roll quedarán unos ruidos indescifrables. Las guitarras eléctricas serán reliquias prehistóricas. Los blogs serán papiros que habrá que traducir. Tú y yo seremos un imperceptible gas. En ese gas seguirá zumbando Foxy Lady.
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