27 de junio de 2016

Penúltima derrota frente al mar del sur


Después de que los bárbaros nos hayan aplastado,
de que entraran violando los cristales,
mordiendo los candados para traficar miedo,
confiscando las puertas del padre labrador
y de la madre experta en cultivar su espalda
y de todos los hijos despeinados,
volcando nuestros lechos como botes desnudos,
arrancando las parras luminosas,
trazando con la espada la próxima frontera,


después de que los bárbaros nos hayan conquistado
tirándonos monedas en los ojos,
acampando en las bocas iletradas,
llenándonos de plomo los zapatos,
cortándonos las uñas para ahorrar en deseo,
apagando las velas tartamudas
que titilan al sur pero no alcanzan,
dictando un diccionario con palabras del norte,
empuñando su lengua de carcoma, 

después de que los bárbaros, en fin, 
hayan sido también nuestros mismos vecinos,
nuestra gente educada en traicionarse,
los niños partidarios del palo y del pedrusco,
los hermanos en bíblico negocio,
los abuelos capaces de exiliar a sus nietos,
los maestros huyendo de las aulas,
el panadero horneando el hambre de su prójimo,
el carpintero en manos de su propio martillo,

nadar en este mar es una acción política.