25 de abril de 2016

Barbarismos en Argentina

(Celebrando la edición argentina de Barbarismos. Detallesaquí.)


amar. Verbo irregular.

baño. Biblioteca sin prestigio.

corazón. Músculo peculiar que, en vez de levantar peso, lo acumula.

democracia. Ruina griega.

escuchar. Extraer música del ruido. || 2. Acción y efecto de prepararse para interrumpir.

ficción. Acontecimiento que aspira a suceder.  

goleador. Individuo que celebra lo que merecieron otros.

humor. Facultad de parodiar las propias convicciones, o sea, de pensar. || 2. ~ negro: ejercicio mediante el cual un humorista comprueba si sigue vivo.

imperfección. Perfección mejorada por el escepticismo.

jeta. Rostro, unos años más tarde.

kitsch. Mal gusto de buen gusto.

leer. Acción efecto de vivir dos veces.

maternidad. Momento de plenitud de una trabajadora antes de ser despedida.

noviazgo. Período durante el cual dos enamorados hacen todo lo posible por no conocerse.

ñu. Especie rumiante protegida con el noble fin de que no se extingan los crucigramas.

orilla. Mitad de un lugar. || 2. Comienzo del puente.

política. Campaña electoral ocasionalmente interrumpida por la acción de gobierno.

quietud. Estado sumamente improbable.

reconciliación. Tregua acordada entre dos cónyuges con el objeto de perfeccionar su ruptura. || 2. ~ nacional: desmemoria pactada entre dos bandos que se recuerdan perfectamente.

sexo. Episodio carnal que les sucede a otros. 

traducción. Único modo humano de leer y escribir al mismo tiempo. || 2. Texto original que se inspira en otro. 

universidad. Necrópolis con cafetería.

viejo. Joven tomado por sorpresa.

whisky. Lujo del hielo.

xenófobo. Individuo al que le repugnan sus propios ancestros.

yo. Conjetura filosófica.

zen. Estado que precede al ataque de nervios.

19 de abril de 2016

Ese viento obstinado


                            A la memoria de Eduardo García, poeta

En un amigo caben
—como en ese cajón donde se encuentra
de pronto lo perdido—
la linterna sin pilas
y la costilla rota,
el fósforo quemado
y el páncreas para nada,
los anteojos que no quisieran ver
o la pupila propia.

Si metiera la mano
al fondo del cajón,
y revolviese, amigo, tu comienzo
¿acaso no malgastaríamos
con toda reincidencia
las mismas energías que te faltan?

Ese viento obstinado era deseo.
Ese empecinamiento se llamaba vida.



12 de abril de 2016

Algunas perplejidades democráticas (4)


4. La unanimidad interna como falsa virtud: la democracia española no sólo está acostumbrada al bipartidismo, sino también a que los partidos rocen la disciplina militar a la hora de posicionarse en público. Más allá de su imagen, resulta sencillo percibir las diferencias entre ellos por el modo de seguir a sus líderes, cuestionar la línea oficial y fomentar u ocultar sus propios debates. Resulta paradójico que quienes acusan a Podemos de personalismo o autoritarismo populista critiquen, al mismo tiempo, las transparentes discrepancias públicas entre sus miembros. El hecho de que Errejón declare simultáneamente algunos desacuerdos con Iglesias y su compromiso con el movimiento que ambos fundaron, ¿no supone un insólito signo de madurez en la política nacional? ¿Sería un número dos de Ciudadanos, PP o PSOE capaz de un gesto similar? ¿Se lo permitiría su partido? Que un anterior adversario interno de la cúpula de Podemos como Echenique haya sido incorporado a la misma no hace más, en términos ideológicos, que confirmar la vitalidad del proyecto. No parece que pueda decirse lo mismo de los socialistas con respecto a Madina o Pérez Tapias, ambos postergados dentro de un partido al que tanto contribuyeron. El caso de Ciudadanos es aún más drástico, ya que desconocemos incluso si uno solo de sus miembros relevantes ha discrepado alguna vez en su vida, aunque sea sin querer, de su omnipresente líder. Lo que el poder llama unión suele ser una representación de la verticalidad, así como la división suele equivaler a la libertad para discutir entre pares. ¿Por qué no nos parecen democráticamente más fiables los partidos capaces de evolucionar desde la discrepancia interior y la autocrítica? Acaso la respuesta a este interrogante nos representaría más que nuestro voto en las urnas.

11 de abril de 2016

Algunas perplejidades democráticas (3)


3. La escenificación del diálogo como precampaña electoral: más allá de las simpatías y preferencias de cada cual, el pacto entre PSOE y Ciudadanos no parece un acuerdo verdaderamente concebido para formar un Gobierno. Que ninguno de los dos haya puesto demasiado interés en alcanzar primero un acuerdo con sus respectivos interlocutores naturales (PSOE con Podemos e IU, Ciudadanos con el PP) delata una voluntad más estratégica que parlamentaria. El PSOE sabía desde el principio que Podemos jamás apoyaría una coalición con Ciudadanos, pero que podría vender esta resistencia como una negación del diálogo. Y Ciudadanos sabía de antemano que el PP jamás aceptaría que los socialistas los desplazasen del Gobierno. Ambas partes han preferido, por tanto, formular una propuesta con las mínimas opciones posibles de prosperar. Por eso su alianza tiene todo el aspecto de un calculado callejón sin salida, cuya consecuencia sería una repetición electoral de la que a su vez responsabilizarían a otros partidos, con la expectativa de mejorar sus decepcionantes resultados de diciembre. Que una táctica de esta naturaleza fuese capaz de confundir al electorado sentaría un peligroso precedente.

8 de abril de 2016

Algunas perplejidades democráticas (1-2)


1. La encuesta como virus dirigido, más que como termómetro ciudadano: no se trata en absoluto de una tendencia nueva, pero los últimos años de política nacional la han agudizado hasta límites insólitos. Los conglomerados mediáticos han adquirido la mala costumbre de preguntarnos una y otra vez lo mismo, con breves intervalos de un asfixiante bombardeo informativo en la dirección deseada, hasta que la encuesta finalmente arroje los resultados que se perseguían desde un principio. Llegados a ese punto, por supuesto, procederán a ilustrarnos acerca de la voluntad popular, aplaudiéndola con democrático entusiasmo. 

2. El mito conservador de la estabilidad: en una democracia digna de ese nombre, la dinámica parlamentaria precisa ser mucho más compleja y dialéctica que la mera alternancia entre mayorías absolutas, limitadas a aplicar la disciplina de voto e ignorar sistemáticamente el resto de opiniones y propuestas. En plena cuarta década de democracia en España, no parece precipitado empezar a introducir los matices, el debate continuo y la negociación multilateral (con sus consustanciales dificultades) como práctica normalizada, y no como incómoda excepcionalidad. En este sentido, cabría afirmar que el país no está viviendo una grave crisis institucional, sino que acaso esté encaminándose hacia la madurez de sus órganos representativos. Conviene mantenerse alerta frente a la nostalgia de los absolutismos parlamentarios, transmutados en eufemismos tales como gobierno fuerte, estabilidad, gobernabilidad y otras yerbas contrarreformistas. Una autoridad obligada a pactar cada decisión nunca será débil, sino sencillamente saludable.