31 de octubre de 2011

La caja lista

Quienes sostienen que la televisión nos estupidiza, dicen la verdad con los argumentos equivocados. No se trata de sus previsibles contenidos. Ni mucho menos, válgame Sanyo, de sus presuntos efectos morales. Se trata de que, a costa de las pérdidas millonarias que han tenido los grandes grupos en el sector audiovisual, la cultura escrita y verbal (editoriales, diarios, radios que pertenecen a dichos grupos) está despidiendo o maltratando a sus trabajadores. Una imagen cuesta más euros que mil palabras.

27 de octubre de 2011

Las cosas que no hacemos (cuentometraje)




(A partir del cuento "Las cosas que no hacemos", del nuevo libro Hacerse el muerto; Páginas de Espuma, Madrid y México DF, 2011.

Producción: Zebra Audiovisual. Dirección, fotografía y edición: Lucía Martínez Cabrera. Voz del autor.

Ver cuentometraje anterior: El fusilado.)

25 de octubre de 2011

Unanimidad y espectro

La presidenta argentina tiene mala prensa en España. Quizá sea porque los medios españoles no conocen demasiado bien las restantes opciones. Cristina Fernández era, en mi opinión, la mejor candidata posible. Yo la hubiera votado. Pero no sería un oficialista furibundo. El riesgo que ahora afronta el país parece ser el siguiente: si no resulta posible discrepar con el Gobierno desde la propia izquierda, si apenas existe espacio para la discusión interna, entonces se larvará una alternativa desde la extrema derecha. Una oposición reaccionaria que, cuando le toque el turno, Macri mediante, devolverá al país a la peor deriva menemista. Si la izquierda nacional se asume esencialmente kirchnerista, corre el riesgo de autodestruirse en las próximas elecciones. Bastará con que su líder falte. Mientras tanto, mis felicitaciones a la presidenta, que ojalá hubiera debatido con otros durante la campaña.

24 de octubre de 2011

Libia y la libido

Curiosa esta costumbre occidental de celebrar el asesinato de villanos remotos, de patrocinar su persecución y tortura. Nos excita pisotear fuera de nuestras fronteras los principios que reclamamos dentro. Nos fascina lo fácil que resulta omitir ese frágil protocolo que llamamos derechos humanos. Cuanto más desfigurado queda el rostro del villano, más exacto resulta como espejo. Asomarse es gratis.

21 de octubre de 2011

La Deshacedora

Tras la retirada de El Hacedor (de Borges), bajo amenaza de Kodama y sus memoriosos abogados, se redactó una carta de protesta. La ocasión merecía que detractores y partidarios de Fernández Mallo coincidiesen: la ética es más urgente que las filias y fobias. Alfaguara se equivocó al no solicitar autorización. Pero resulta aberrante que, por ley, se deba pedir permiso para dialogar con un clásico. No se trataba de explotar el texto original de Borges, sino de trabajar literariamente con él. Lo que se dirime aquí por tanto es la libertad de un procedimiento narrativo, no la legítima defensa de unos derechos de autor. Aunque la carta (que firmé sin dudarlo) insista en lo «actual» y «digital» del caso, la creación a partir de obras anteriores nació con el arte mismo, es parte de él. Está en los palimpsestos grecolatinos, el arte barroco, el teatro clásico, la novela negra, la poesía en general, la obra de Borges. No estamos ante un mero acto de incomprensión hacia el arte posmoderno. Sino, peor aún, ante un acto de incultura general. Este incidente daña a todas las partes. Los únicos que ganan son un par de abogados, convertidos en grotescos árbitros literarios.

19 de octubre de 2011

Tragedia griega

Siempre práctico, Aristóteles distinguía entre oikonomikos y chrematisike. Lo económico se refería a la correcta administración de los bienes, necesaria para el funcionamiento de cualquier ciudad. Lo crematístico aludía a aquellos intercambios cuyo único objetivo era incrementar las ganancias. A quienes se dedicaban a esta última actividad, Aristóteles los llamaba parásitos. Y un parásito es lo último que muere.

16 de octubre de 2011

Parábola del iPad

Ahora que el señor Jobs ha alcanzado los cielos como el santo casi homónimo, recuerdo una visita a su más divino templo. Caminaba por Nueva York con un amigo. Él deseaba comprar un iPad en la espectacular tienda cúbica de la Quinta Avenida. Mientras peregrinábamos, debatimos sobre la utilidad del artilugio. La tienda me impactó por su capacidad metafórica. Su estructura de cristal permite contemplar el río de clientes, fluyendo incesantemente alrededor de las mesas, como una catarata al pie de un mirador. No sólo se exponen los productos: también a sus compradores. Es el capitalismo en versión transparente. La unión de material, mensaje e intención. Mi amigo se adentró en el cubo. Yo, que amo los Mac como aparatos bien hechos, pero los detesto como fetiches de consumo, preferí esperar fuera. Me quedé observando el interior de la tienda. Noté que no había cajas de cobro: los empleados iban recorriendo los pasillos y cobrando directamente, iPad en mano. Al rato mi amigo emergió del cubo con un gesto de decepción. Las existencias se habían agotado y, por ese día, no quedaban más terminales. Entonces comprendimos la verdadera utilidad del iPad: vender iPads. Amén.

14 de octubre de 2011

La tribu financiera

Muchas veces nos sentimos hartos de la política. Pero quizás estemos hartos de la falta de política. De su renuncia a priori. De su reemplazo por otros discursos más urgidos y miopes, empezando por el bursátil. Igual que la democracia no se reduce al sufragio, la economía no se reduce a las finanzas. Basta de predicciones, por favor. Los antropólogos del futuro nos estudiarán como a una tribu digital que miraba supersticiosamente hacia arriba, temiendo la caída de las bolsas.

10 de octubre de 2011

Hacerse el muerto




(Cuentometraje a partir de "El fusilado", perteneciente al nuevo libro Hacerse el muerto; Páginas de Espuma, Madrid y México DF, 2011.

El cuento rinde homenaje al escritor argentino Daniel Moyano, detenido durante la última dictadura militar.

Producción: Zebra Audiovisual. Dirección, fotografía y edición: Lucía Martínez Cabrera. Voz del autor.)

7 de octubre de 2011

El hombre de ojos fuego

Uno va por ahí, vivo, y de pronto se topa con lo que no quería. Parece inverosímil que un volcán como Félix Romeo dejase de hervir de golpe. O quizás explotó por esa fogosidad tan suya. Escribo en caliente, tal como él hablaba. Era irascible, voraz, superdotado. Nadie leía, se apasionaba ni discutía más. Convirtió el soporífero protocolo de las mesas redondas en un arte fascinante y dialéctico: no conozco caso igual. Recuerdo la precisión para el dolor de Dibujos animados, su primera novela. La elaborada obscenidad de Discotèque. La despedida sin aire, hecha jirones, de Amarillo. Su obra se reparte entre aquellos breves libros y el mar de sus opiniones, artículos, notas al margen. Busco su biografía en su editorial y me sobresalta el accidente de una metáfora:
Quizá sea literalmente cierto: Félix era inabarcable. Igual que su robusta presencia. Vino temprano la muerte y tuvo sus ojos. Pero sus ojos ya habían leído el mundo entero.

5 de octubre de 2011

La seriedad no es seria

El serio es incapaz de cuestionar su propia pose. Y, por eso mismo, incapaz de pensar seriamente. Sólo quien se ríe de sí mismo puede discutir a fondo con sus propias ideas. O no.

3 de octubre de 2011

El otro mercader

La edición original de El mercader de Venecia, publicada en 1600 por el librero y editor londinense Thomas Heyes, se anuncia en su portada del siguiente modo: «La más excelente historia del mercader de Venecia, con la extrema crueldad de Shylock el judío hacia el susodicho mercader, cortándole una libra exacta de su carne, y con la conquista de Porcia mediante la elección de los tres cofres». Leída sin prejuicios, o con prejuicios nuevos, semejante sinopsis suena menos a alta cultura que al tráiler de una superproducción o al anuncio de un best seller histórico. Cuatro siglos más tarde, tendemos a explicar su creación como la más refinada muestra de teatro clásico. La élite es el otro mercader.